第67回 El guante perdido


Cuando era pequeña tenía unos guantes grises, de lana, heredados de mi hermana mayor. Eran un poco grandes para mis manos y la lana picaba un poco. Aunque no me gustaban esos guantes, los usaba siempre durante el invierno.

Pero, un día, cuando estaba en el tercer curso de la primaria (yo tenía unos 8 o 9 años), al salir de la escuela, no me puse los guantes. Los llevaba en el bolsillo de la chaqueta. Y, al llegar a mi casa solo había un guante en el bolsillo. Seguramente el otro se cayó en el camino. Pensé que mi madre iba a enfadarse mucho, por eso quería encontrar el guante antes de que ella se diera cuenta.

Al día siguiente, caminé despacio hacia la escuela, buscando en el suelo el guante perdido. Pero no lo encontré. Llegué a la escuela muy desanimada y preocupada. En ese momento, mi profesor me preguntó qué me pasaba. Le expliqué que el día anterior había perdido un guante. Entonces el profesor preguntó a todos los niños de la clase si habían visto mi guante. Pero nadie lo había visto.

En el camino de vuelta a mi casa pensé en cómo darle la noticia a mi madre. No encontré una buena manera de explicarlo. Pero, cuando llegué al portal de mi casa, sobre la barandilla de la escalera, estaba mi guante. ¡Qué alegría! Se me cayó dentro del edificio y algún vecino lo encontró.

Cuando llegué a mi casa, le expliqué a mi madre que había perdido un guante pero lo había encontrado después. Mi madre se enfadó. Me dijo que si me hubiera puesto los guantes no se habría perdido uno. Aunque encontré el guante, mi madre se enfadó. Me sentí un poco triste.

Pero, cuando llegó el fin de semana, mi madre me llevó con ella a comprar al mercado. En una tienda cerca del mercado vendían muchos guantes. Mi madre me compró unos guantes de color rojo, con rayas de colores en los dedos. Eran de mi tamaño, no picaban y me gustaban mucho. Esos fueron mis guantes favoritos por muchos años, hasta que, un día, se me perdió uno…

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